Me gustaría tener un auto último modelo. E ir, en mi auto último modelo, al depósito de chatarra. Recorrer a gran velocidad, mientras el sol cae pleno como un dios griego, los caminos flanqueados por esqueletos de coches arrumbados, apilados, oxidados, sin llantas, sin parabrisas. A mi paso, escuchar el crujido de los retrovisores abandonados en el suelo, de las manijas, de los trozos de asientos. Frenar de golpe, ante la maquinaria pesada. Y extraer poesía de todo eso, en mi auto último modelo.

Algún día todo esto será

viejo como el siglo 12.

Ese día vendrá

y a cada cosa

le dará

su lugar.

Viajo hacia allá, en mi auto último modelo.

 

800 resurrecciones
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