No encontramos ni siquiera,

ni en lo más alto del silencio

el cadáver del pasado. Y me imagino a los carros embarrados de niebla que no nos llevarán a ninguna parte ya. Que no nos llevaron a ninguna parte nunca. Que no existen. Que no fueron. Y, si fueron, murieron en el silencio donde se ahogan los héroes, desde donde sus gritos nos llegan, si acaso, como un suspiro impotente, que se confunde con el aliento de un cadáver al que le crecen flores y pasto, al que orinan perros y  borrachos.

Dicho esto, todos somos perros.

Ni siquiera Diógenes, ese perro mayor, es más perro que nosotros. Porque no hay jerarquías entre los perros. Para hacer creer que hay organización y valores ahí donde no hay sino ladridos y perros. Para eso sirve el teatro. Cualquier aroma excita nuestras neuronas. Podríamos tener ladrillos en la cabeza. En lugar de ideas. Provocar a la memoria como incendiar un basurero. Pretendiendo encontrar algo. Cuando no encontramos ni siquiera el cadáver del pasado.

800 resurrecciones
ABUL8TROMPASABBAS@GMAIL.COM © 2017 Abul Abbas