La droga, como un enano que martillea la suela de un zapato en un rincón de tu cabeza. Con paciencia y tenacidad. Da un martillazo, otro más. Todo el tiempo la pregunta, ¿ya estás, ya empezó? El enano, con paciencia y tenacidad, golpea con un martillo la suela de un zapato en el rincón de tu cabeza, ¿ya estás, ya empezó? No se apresura, sigue martilleando. No escucha nada, tiene trabajo. Sostiene con la boca dos clavos, sentado en un banco, y sigue martilleando. De pronto, se levanta del banco, tira el martillo, tira el zapato y ya está, ya empezó.

800 resurrecciones
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