Hay filamentos luminosos, como venas nerviosas, infladas de electricidad. El día pasa entre caminos que suben y bajan. Vimos un hospital descompuesto. Un ojo negro, vimos, que funcionaba como escondite. El aire era salado, como salido de la boca del mar, y salpicaba las paredes.

Todo se aleja siempre de un modo u otro. Hay quien quisiera alejarse como un ocaso, o como un naufragio, en cámara lenta, o tomando la apariencia de un pozo, o encendiéndose tanto que la luz lo desaparece, poco a poco, o fugaz, luminosamente. Yo me alejo dando vueltas y vueltas hasta que ya no estoy. Y como no siempre sé el camino de vuelta, comienzo a girar de nuevo, con más ardor, pero en el sentido inverso. A veces me acerco demasiado. Y tengo los dedos calientes de tanto girar y girar y siento como que sueño despierto, con fiebre encendida, y los recuerdos se me escapan, como luciérnagas que huyen. Y me doy cuenta de que estoy todo enlodado de tanto atravesar caminos, y a veces veo un hospital descompuesto, como en fuga de sí mismo, a lo lejos, y quiero acercarme pero siempre se me escapa de las manos, como una puta demasiado cara, o como un sueño, y alargo los brazos, desesperadamente, mientras el día declina y los árboles más altos ya están enredados con la  noche.

Cuando la magia termina hay una máquina que se va a vivir dentro de ti. Tienes que cargar con su peso

800 resurrecciones
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