Mi dealer llevaba diez años tarde. Salí a la calle y pedí un consejo. Me dijeron: sal a la calle y pide un consejo. Les repetí que mi dealer llevaba diez años tarde y les dije que yo ya estaba en la calle y que no sabía qué hacer. Me dijeron que leyera la biblia y estuve esperando tanto, después, con la biblia abierta en mi regazo, con los silencios duros como piedras que uno tiene que pasarse por la garganta, que nunca más volví a pedir consejos, y cuando alguien me los da, sin que yo se los pida, le ofrezco mi mirada de cuchillo.

800 resurrecciones
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