Podemos esperar siete siglos

a que los dentistas hagan bien su trabajo:

pero de los poetas no esperaremos nada:

holgazanes, borrachos, gente que junta palabras

y cree ver imágenes entre los pliegues de la realidad;

es insostenible,

en pleno sigo XXI,

dejar que esta gente nos diga cómo hay que hacer para hacer lo que nunca quisimos hacer,

esto es,

ver hacia donde

nunca nos interesó ver,

es decir,

hacia dentro/fuera,

como si tal lugar existiera,

que es,

si acaso,

como la promesa de un gordo que

vende billetes de lotería

pero que atrás de su sonrisa

se adivina depresión

falta de cariño

y un pedazo mórbido

de alma que se infla y desinfla

según la temporada

y el calor que haga

y demás condiciones

favorables (y favoritas)

sí.

800 resurrecciones
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